Rubén Bonet


adopteaunescritor@yahoo.com


miércoles, julio 07, 2004

fragmento de pite hasta que choque. narrativa tropical. ensayo modular # 5. aparecido en la compilación me ves y sufres. NITRO PRESS & Ed. PELLEJO. DF, 2003



escuchar el lado oscuro de mi compadre -una rola de terrestre- siempre hace que piense que ese momento es un momento especial. momentos y momentos que se van directito a la basura. siempre atrás de algo, husmeando el vacío. interesante peregrinaje en pos de la nada grandiosa que algunos iluminados -sábato a la cabeza- llaman absoluto.

11:30 de la noche. empieza a llover de NUEVO. yonderboi en el estéreo. me estoy terapeando a base de pipazos de mota y caballitos de aguardiente. todo resplandece en un aura de misterio insondable. a ese tipo de absoluto me imagino que se refieren cuando hablan de absoluto.


fade out desde interior de coche. toma aérea: el mismo coche abandonando alegremente la ciudad de méxico. uno de esos momentos en que todo presagia felicidad. con l. va todo viento en popa (si obviamos las dificultades de ser amantes en nuestras diferentes condiciones civiles). nos vemos a menudo y hacemos el amor con pasión y alegría aunque nuestros encuentros casi siempre están matizados por el tiempo (el tiempo en el que ella debe regresar a su casa para no tener pedos).

flash back. antecedentes: planeamos escaparnos un fin de semana largo a tlacotalpan en el estado de veracruz y nos vamos. tengo un trabajo de medio tiempo como editor en un portal de arte en internet y consiguientemente algo de dinero –mi mendrugo quincenal- (aunque con l. el dinero nunca ha sido un problema). real time: disfruto como enano. chelas en el carro desde el primer beso. a ratos maneja l. a ratos manejo yo. nunca puedo estar tanto tiempo con ella. las cosas fluyen de maravilla, no nos peleamos por nada (a pesar de que l. tiene un carácter ciertamente especial) y nos amamos cada vez más. hacemos mucho el amor y nos empedamos tranquilamente (sin pensar en el tiempo). me encanta esa combinación de dulce amor y chelas. platicamos mucho y de muchísimas cosas. vivimos un verdadero oasis de cariño, admiración y ternuras mutuas.

una de esas noches después de mucho beber y comer –sobre todo beber- durante todo el día y seguir chupando también en el cuarto y de hacer mucho el amor (y seguir chupando porque follar da mucha sed), guacareé en la regadera todo lo que había comido y bebido todo el puto día. como cuando me acosté ya estaba bien pedo -dormí como fardo- a la mañana siguiente no recordaba en absoluto todo el asunto de la vomitada. me paré para ir al baño y como con todas las cosas horribles que se obstinan en NO desaparecer de nuestras vidas ahí estaba la guácara. íntegra. dioch mio qué asco! esa masa grumosa también era yo. verse reflejado de esa manera y de buena mañana cuando uno está sentado en la taza del wc tratando de cagar es un golpe muy bajo a la autoestima, sobre todo cuando se goza de una cruda descomunal. en realidad no estaba cagando –no tenía absolutamente nada en el estómago- pero cuando estoy muy crudo o todavía pedo me siento en la taza a mear y así me evito el problema de tener que atinarle con el puto chorrito.

zoom in: la cantidad de tonos de la masa era indescriptible: rositas, verdes, anaranjados, había también algo azul. todo flotando en un magma blancuzco. creo que ayer no le puse mucha atención a la acción de masticar porque habían trozos más o menos grandes y como se atoraban en la coladera no dejaron pasar lo que a estas alturas ya era una argamasa de alimentos y fluidos en proceso de solidificación y a punto de convertirse en un solo ente. dioch mio otra vez, qué asco! más asco me daba pensar que lo iba a tener que sacar si nos queríamos dar un regaderazo. además había un punto de pundonor en querer que l. no viera tan deleznable espectáculo, ya lo ha visto me dice. mierda! pero continuando con mi discurso lo que no quería ni remotamente era que l. tuviera que lidiar con ello o que tuviera que renunciar al necesario aseo matutino por culpa de que la regadera fuera un lodazal de vómitos infames. oH! dioch mio! mezclar el amor con los detritos estomacales. y además con esa cruda. uggg que contingencia! en esos momentos me sentí francamente incapaz de hacerle frente al asunto. me acosté un rato más para reponerme del impacto y me armé de valor: finalmente le entré al inevitable desatore de la regadera. por supuesto tuve que hacerlo con mis manos. entre arcadas que hacían que constantemente babeara un chorrito de líquido gástrico –no había absolutamente nada más en mi interior, TODO estaba enfrente de mí- fui echando los pedazos de la horrenda argamasa de color y olores diversos a la taza del baño. casi me guacareo a mí mismo. enterito. echarle agua hizo que la masa se dispersara y ahora tenía que lidiar con un gran caldo donde los pedazos de jaiba o no sé que mierda era lo que comimos ayer flotaban caprichosa y rebeldemente navegando al son de la corriente. menudo suplicio. definitivamente la coladera no estaba jalando bien. lo único que me permitió sobrevivir a la experiencia era pensar que l. estaba acostada leyendo ahí al lado y que no me quedaba más remedio que regresar al cuarto con un claro triunfo en mi misión. estaba (estábamos) esperando la ducha para darnos un regaderazo y así poder abandonar el cuarto y salir a comer algo. no la podía defraudar y desmayarme sobre mi guacara así nomás. al cabo de media hora pude dejar la puta regadera despejada. nos bañamos, nos enjabonamos el uno al otro, hicimos el amor y salimos a desayunar caldito de pescado acompañado de unas chelas en uno de los restorancitos que están sobre el río papaloapan. entre sorbitos de uno y lo otro nos damos perfecta cuenta que nuestro amor crece y crece como un río desbordado por la lluvia.


nada más a un escritor le permitimos que penetre de tal modo en nuestra mente. sabemos que cerrando de golpe las páginas lo podemos mandar a chingar a su madre de manera inmediata, contundente e incluso definitiva.


hey PENDEJOS no tiren el libro!!! o es que acaso se lo han regalado para que lo traten así?